CAPÍTULO SEGUNDO
-Daniel, nos vamos contigo a Londres – le contó Reus –.
-¿Y eso?
-Vamos a investigar... – empezó Fernández.
-...El asesinato de la esposa del presidente del Arsenal – terminó Reus.
-Tengo una sospecha. Si me preparáis vapor de agua, mejor que mejor.
Conque Reus hizo aparecer una jarra de agua con un sutil movimiento de varita y Fernández la calentó con un soplido
-Bueno, -dijo Daniel– llamad a vuestras pertenencias y nos podemos ir. Yo llevaré vuestros trastos y vosotros iréis volando a mi lado, haciéndome compañía, je, je, je.
Reus hizo rápidamente que le crecieran alas a un sillón con un complicado movimiento de varita.
Y partieron hacia Londres.
-Sospecho, queridos amigos,-les dijo Daniel–, que vuestro caso y el mío tienen relación. Porque, ¿no os suena un poco raro que la esposa del presidente del Arsenal muera asesinada mientras su marido se encuentra liado en un caso de corrupción y compra de árbitros?
-Ciertamente- Por una vez Reus estuvo de acuerdo.
-Deberíamos planificar nuestra estancia en Londres- observó Fernández haciendo una pirueta en el aire.
-Nos esperan dos delegados de nuestra querida agencia, la Agencia Mundial de Detectives con Poderes Mágicos, - dijo Reus acomodándose en el sillón – el monsieur Font y Mr. Fountain. Según el folleto de la agencia, - continuó el leprechaun –monsieur Font es un elfo proveniente de Francia, entrenador de detectives en el aspecto físico. Mr Fountain es un enano procedente de las Montañas Rocosas que “cultivará” nuestra mente. Creo que se refiere a que haremos yoga. Uno se encargará de la parte física y otro de la mental.
-Trabajaremos por la mañana y por la tarde, haremos de turistas, ¿no?- ese, cómo no era Daniel.
Fernández apoyó fervientemente la idea antes de que hubiera una respuesta negativa.
Y así, charlando y planificando, llegaron a Trafalgar Square, donde se encontraban los dos delegados. Trafalgar Square era una plaza cuadrada, con una fuente y la imponente estatua del almirante Nelson, cubierto por su sombrero, en medio. Era blanca y gris.
-Encantados de conocerles- sus mentes parecían ser la misma.